sábado, 28 de febrero de 2009

La increíble historia de un niño que se llamaba Genchu



A Maria, Anita y David.



Genchu creía que dentro de cada tableta de chocolate, había un gran vaso de leche.


Convenció a unas vecinas que su hermana Lourdes vivía dentro de un armario, así que vinieron a hablar con los malvados padres para ver qué pasaba.


Su primer verano de campamento batió el récord mundial de días sin ducharse, cuando lo fueron a buscar tenía el cuello negro. Costó mucho que volviera a su color natural según contaba su madre.


Genchu y Lourdes se empeñaron en que sus padres le pusieran a su hermana pequeña de nombre Paloma, sin ellos se llamaría Marta, que es un nombre de animal según averiguaron sus hermanos con el diccionario.


Genchu creció y en las fiestas se hacía llamar Tracy cuando ponía música con el tocadiscos -Paloma siempre les espiaba- y aunque lo niegue cantaba canciones horteras en la ducha.


Siempre se comía la merienda de sus hermanas y negaba haberlo hecho, pero las cuentas de los donuts nunca salían. Y se hacía bocadillos de pan de molde que eran rascacielos de gran altura.


Genchu cuando hablaba por teléfono estiraba tanto el cable que llegaba a medir mil millones de metros, años más tarde se crearon los teléfonos inhalámbricos para la ruina de sus padres.


Cada sábado iba a buscar a su hermana pequeña a los boy scouts con el asiento de su nave espacial lleno de chucherías y por supuesto panteras rosas, que son unos pasteles de color rosa como su nombre indica.


Ahora su hermana pequeña sigue sin arrugarse ante las vicisitudes de la vida, aunque nadie le quita los sustos a la pobre. Ni siquiera su hermano que aún sigue escondiéndose para poder pegárselos.

lunes, 16 de febrero de 2009

Letras en tostadas de la G a la S

Mejor que esos olores que te llevan a lugares.
Cualquier canción que habías olvidado y empiezas a cantar.
Ese amigo con el que no matas, sino VIVES, las horas.
Este mundo infinito de las cosas más pequeñas.
Hasta las mejores tostadas -que todo el mundo sabe que, son aquellas que hacen las madres a sus niños el último día de escuela-.
Mejor que ese río y sus piedras solteras.
Mejor que las fotos del botánico, los libros viejos y los cuadros.
Ni el récord bajo el agua, mirando hacia arriba esos brillantes colores.
Ni todos los sabores dulces o salados ni mezclados en seis horas de coche.

Todos están incluidos en esas pocas horas, en pocas cosas * me las llevo conmigo.

* p agradece a vueling, esta nueva prueba al desapego a que la somete al perderle su maleta con todas sus libretas de pequeños escritos, con el cd de Palmer, con las camisetas de Dácil, con el póster de Chillida-Cuenca, con su sus neceseres con todos sus menesteres para sobrevivir un año en las islas Feroe, con la postal que nunca llegara a H., con su jersey a rayas de ponerse a cantar con maracas de machín, con la bufanda de Flora :_ ( con un poquito de su vida.

A quien lo encuentre que lo disfrute con ganas, con muchas que para eso están las cosas.