sábado, 2 de mayo de 2009

* Sólo los pasteles rosas *


Es que no sé como explicarlo pero yo no veo el mundo igual que tú. Veo que todos somos iguales, cada uno con sus peculiaridades, pero sin ser mejores ni peores. A veces necesito estar en otra ciudad, aunque esté muy cerca de la ciudad en la que vivo, para poder ver las cosas desde arriba. Y mis problemas pequeñitos y mis miedos minúsculos y mis complejos irrelevantes.

Las hojas de té verde son una manta de musgo, de un torreón en el que vivo yo. Más guisante que princesa, siempre en mi mundo raro, como los cuadros del Bosco con mil mundos dentro del mío. Pero partiendo de la premisa de que el tiempo no existe, ni lo bueno ni lo malo. Que todo son una cadena de situaciones que escogemos para crecer y que de eso sólo te das cuenta, al menos yo cuando soy capaz de escuchar las gotas de lluvia, de emocionarme con una pieza de música o de sentir que estamos en el lugar adecuado en el momento justo, aunque nos haya tocado la casilla 58 y haya que volver a la 1 y tiro porque me toca.

Todos nos equivocamos, somos uno con el mar o las montañas o la contaminación y el egoísmo o la tele y los programas de telebasura.

Todos tenemos basurita dentro, cosas a mejorar, cosas a esconder debajo de la alfombra. Como por ejemplo yo que después de cosas que les hacen muy felices a los demás a mí me producen un sentimiento de profunda tristeza. Qué rara. A veces ni siquiera veo lo que hago mal, eso sí me produce inseguridad, como un suelo de cristal, que ves el fondo marino. Con sus algas y criaturas de tentáculos que te miran fijamente esperando a que caigas y se rompa. Y aún así mira seguro que todo ante una perspectiva diferente tiene una razón con su solución de la mano, rumbo a los columpios. Miedo al Miedo, pero a poco más. Bueno vi unos pasteles cuando estaba en N.Y. que eran de color rosa y pensé que aquello sí que daba miedo, fue en la cola del cajero, estaban de oferta y tuve que mirar a otro lado. Aquello era química atómica como poco y esconden seguro secretos de estado.

Tengo a Steve Wonder en mi cuarto de baño y él tampoco veía. Pero a él no le hacía falta porque tenía una capacidad de entender el entorno y encima cantaba un montón de canciones con la palabra “LOVE”. No sabe nada el tío.