domingo, 29 de noviembre de 2009

De repente me encuentro mirando a los ojos de un extraño en clase, escuchábamos música y luego nos mirábamos, nunca había estado con un desconocido aguantando la mirada como ayer. Esa intimidad está reservada a los amantes, a los mejores amigos, a ese silencio que lo dice todo como colofón a las cosas dichas, con o sin palabras. Y me recordaba a aquel juego, cuando era pequeña en el que mi hermano me obligaba a aguantar la risa. Siempre ganaba él. Ayer el desconocido me daba en código morse de pestañas información sobre su vida y yo a él. Teníamos ganas de todo menos de reír. de pronto paseando por las calles de Vitoria con C me encontraba más liviana, menos yo y más todo. Un TODO y el frío era bueno y las calles repletas mil músicas distintas. Pasé por las mismas calles que el día anterior pero ahora miraba las caras, los portales, los números, las luces de navidad, cómo una especie de lenguaje que entendía. Me encontré a otros alumnos pero me veía incapaz de socializar.
El café está helado y me parece que hoy en el tren lloverá y en vez de eso escucharé aquellos dedos sobre palmas a los que solíamos jugar cuando era pequeña. Se hace música con casi todo. Hasta con los besos no dados, ya que en el silencio interior se puede crear una sinfonía con toda suerte de instrumentos. Con toda suerte, nos vemos pronto.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Cambio de forma.

Soy como el agua que toma la forma del recipiente que la contiene: hoy taza de porcelana inglesa, mañana jarrón de la dinastía Ming y pasado vaso de ikea, así mil formas que cambian para un mismo contenido.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Teo Teo ¿qué ves?


Teo Teo ¿qué ves?
Un padre y una madre y un mundo al revés.
Nubes como sorbitos de leche,
hacen letras y animales.
la M la R y la T también.
Calcetines en las paradas del Mercat con rombos o estrellas bordadas,
una señora los vende al grito!
¿No compras mis calcetines que son de lana y lino?
Teo Teo ¿qué ves?
La playa, la arena, la marcha atrás de un cienpiés.
Lucecitas de colores y un hombre de mazapán con el puño levantado.
Nadie se lo come y está muy enfadado.
Compasión de la de Navidad.
De cada diez intenciones, 8 se van.
Teo Teo ¿qué ves?
Veo calles, abrigos, niños en sus nidos.
Y pájaros cantando en ramas desnudas a las que dan sentido.
Teo Teo ¿qué ves?
Mi casa en la que he nacido.
Mi padre canta al piano y mi madre me coge en brazos.
Y ya no veo nada, hasta que amanezca por mañana.

martes, 10 de noviembre de 2009

Ya ha llegado el otoño a mi ciudad y los paisajes se transforman poco a poco. Menos verdes y más naranjas y por supuesto ese gris de tapa de olla que cubre barcelona. Frío relativo. Frío de sopa, te tomas una y te alegra la vida. Ya tengo dos plantas y mi gato las mordisquea a escondidas. Está muy mayor y nos dice adiós. Cada día por la mañana, cuando meditamos se queda dormido. Me gusta saber que vivo en un piso bastante cerca de mis amigos. Tengo una biblioteca al lado a la que voy cada día, una cafetería que llamamos Copacabana que dejas un libro y te puedes llevar otro ante la atenta mirada de una mujer repintada que de tan antipática la coges cariño. Un mercado con todas las paradas iguales -con frutas iguales, con bróquil iguales, con todo teñido de plástico- pero mercado al fin y al cabo. Por eso este fin de semana ante un tomate de Ses Illes, G y yo lo olisquábamos como si fuera nuestro primer tomate. Y ahora aquí de nuevo con tanto por hacer y esa lentitud que tengo en otoño densa, me tengo que ir a correr por las mañanas. Entonces la ciudad empieza para mi. Los repartidores, las escuelas, las paradas de autobuses, todo otra vez y mientras corro pienso que si me salen las cosas mal, mañana al otro y al otro saldran los repartidores a la misma hora, las escuelas abrirán sus puertas, las paradas de buses y todo absolutamente todo seguirá su curso. Un curso de otoño con un N alto o porqué no SB.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Al leer un libro, el pasar de las páginas mide el transcurso del tiempo. Pero quizás al llegar a un pasaje, la lectura se detiene, la mirada se alza para perderse, mientras el interior late en unidad con lo leído. Es el mismo detenerse en el tiempo que ante un movimiento determinado de Beethoven.
Caminar por la nieve no hollada, despacio. Dejándose atraer por el regato entre los hielos y al día siguiente se cruza de pronto uno con las huellas propias y las va siguiendo.
Vivo en un alegre desorden, pero eso es sólo aparente, porque las ideas se esconden en lo profundo, siendo las que dan vida a las palabras recogidas -y añado- en un cesto de mimbre, con telita de cerezas bordada por encima, o acaso mi vida no es mía y escojo todo. Sea o no sea mío. Todo unísono, a la par, a la impar. Todo siempre es lo que uno ha escogido.