jueves, 10 de marzo de 2011

BEA NUMBER 10

RIMAVERA

Se me escapó la P
Debe estar colgada de alguna H
Buscando lo menos neutro: ambar, vermellón.
Tonterías de jueves que parece lunes.
Agotada de café
( tengo que quitarme,
que quitarme tengo,
Palmas.)
y trabajo
(Palmas sólo)
Ya tengo la bolsa del fin de semana.
ilusión de mar, de cabellos sueltos tipo Diana.
De sentarme a observar la crecida del río,
y el brillo trémulo de las estrellas del alba.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Buenos días

No creo que lo divino se cierna serenamente sobre las cosas como una predestinación, tipo nube de San Zenón en la oración del huerto. Todo lo contrario, puede que sí esté en una nube, una nube torpe, lenta, ambigua, cambiante de forma. Una lata de nube. Pero al menos esa nube la  he creado yo, se escribe con "V "de victoria, como actitud ante todo lo que me pase, pese a todo, contra todo y con "V" de la estación a la que por fin vuelvo, muy pronto.

Una suerte que tenga tanta suerte de sentirme responsable sí, hasta de la pesadez de los párpados pero también de la levedad de unos labios que sonríen, en un tímido gesto de buenos días.

martes, 8 de marzo de 2011

La Increíble Historia de Amor de una Lapa y una Perla

Si soy la lapa de tu perla, te protegería y no dejaría que te pasara nada malo.
Pero si soy la perla, te querría para siempre a mi lado.
(No puedo escoger, cual de las dos sería, francamente. )

lunes, 7 de marzo de 2011

Throw Your Arms Around Me

He broke your heart
In fifteen places.
Remember faces
But not the names
Right from the start
Your warm embraces
But time erases and people change
Come and I’ll make you see
My darling throw your arms around me
Now that he’s back
In your good graces
Your lipstick traces
Make me afraid
I broke my arm
Running the bases
Tripped over laces
Cut by the blade
You whispered to me softly
My darling throw your arms around me
Hold on to me tightly
And darling, throw your arms around me
My darling throw your arms around me

Mi vida en casas

De cuantas maneras se puede explicar una vida, millones. Por ejemplo en cuantas casas has vivido, imagina tu vida a través de esas casas, el orden no importa.
También a través de los libros que has leído o discos y música que has escuchado. Aquellas canciones que te han marcado, son el pentagrama de tu vida. La primera vez que te enamoraste o incluso antes,  seguro escuchabas tal y cual canción. Todas tus claves de sol, todos tus mi y los fa sostenidos. Una suerte de señales que ahora te llevan sin miramientos a aquellos momentos. 

Recuerdo perfectamente la música que escuchaba durante mi paso de niña a mujer, sí era Julio Iglesias, era verano y escuchábamos toda mi familia álbumes del cantante en el tocadiscos de casa. Una casa que olía a cremas solares Copertone,  aparatos dentales y complejos, a marshmellows y bibinka, a shorts a rayas y camisetas de parques temáticos de Orlando, a mucho cacaolat y sueños de motocicleta, que eran eso: sueños.
Vivía entre esos dos mundos, el de Leif Garret -mis novios inventados- y el real -mis notas y lo que apretaban aquellos sujetadores de doble cierre-.

Hoy escojo mis casas... 

De la primera en la que viví sólo recuerdo la luz  y como se transformaba en puntitos blancos a través de la persiana, el suelo de la cocina y unos ciervos que eran unas esculturas de bronce. Recuerdo estar subida a aquellos fríos ciervos, del parque que estaba delante el de Sabino de Arana, veo a mi madre cerca y a mis hermanos. Mi hermana y yo vestimos igual, yo llevo un bolsito. Entre los calcetines y la falda los hierros helados de los columpios y el ruidito desengrasado: ñi-ñi-ñi.

Así todas las casas hasta ahora y todos los nombres de calles: Manila, Valencia, Girona, Banys Nous, Avinyó, Reinaixença, Alcasser, Arc del Carme, Via Faenza,  Horspath Raw, Wells st., Lluís Companys alguna la he olvidado queriendo y sus números, 54, 34, 14, 19  con sus pisos de los primeros a los últimos. Áticos tristes, primeros ruidosos. Como el último de Valencia que pertenecía a alguien que me lo dejaba para trabajar este  pasado verano al lado de la persona que me empujó a escribir sobre estas casas. Memoria de los que olvidan se llama su último trabajo, qué gracia. Yo estas casas no las puedo olvidar, ni creo que las paredes nos olviden. Ni los gritos, ni los lloros, ni las risas, ni toda la ristra emocional de los seres humanos.

Muchas más casas que macetas en el jardincito de Domènech i Montaner,  macetas ahora seguramente vacías, sin flores, ni plantas que regar. Buganvillas y un rosal. Lugares que pertenecen ahora a otros dueños, a otras personas que llenaran las paredes con otros cuadros y no estaré retratada ni mi sonriente Tintín de la Cote Basc que tiene ahora Joako. O mi retrato de Jordi Labanda con los ojos cerrados. Otros cuadros, otras fotografías, otras novelas, discos y vinilos: completas biografías que llenan nuestra vida vacía en un vano intento de aferrarnos a ella a través de nuestros objetos.

Esa casa modernista, por cierto, vuelve a estar en alquiler, siempre que puedo paso por allí, fantaseo con volver a vivir.