lunes, 9 de abril de 2012

Escenas compartidas con mi madre

















 Lo que más me gusta de esta película es la escena del ascensor con la madre de él, cuando a todos les da un ataque de risa. No puedo evitar pensar en la mía, en mi madre, que le hacía mucha gracia esa secuencia. Alguna vez la recuerdo frente al televisor con sus labores, que apenas miraba, mientras observaba escenas como esta o Barefoot in the park, con la que también se reía mucho. Cuantas veces habré compartido con ella chocolate sin leche o regaliz. Cuantas veces compartimos alegrías y algunas penas. Lo que daría por compartir una tarde de cine con ella y tantas otras cosas, como aquellos interminables cafés: 1,2,3...

Cuando era pequeña creía que todo lo que yo decía era interesante, sin embargo era tan sólo que a ella todo lo que decía realmente le interesaba, como buena madre. Admiro a las mujeres que son madres así, porque dejan de ser ellas mismas para ser mil. 

Finisterre
























Esta foto es un regalo de María Cordón and co.

domingo, 8 de abril de 2012

La Increíble Historia del País más Pequeño del Mundo

 Para Maia y Josep, por ser pequeños y muy grandes a la vez.



Érase un país, tan pequeño tan pequeño aunque lo busquéis ya veréis como no lo encontráis. No salía en los libros de geografía y si me apuráis ni siquiera en los mapamundis.
Fijaros si era pequeño, que en vez de princesas tenía guisantes.  
Lo pequeño en este país era  grande y lo grande, pequeño. ¿Que qué quiero decir? Las pequeñas cosas como tender la ropa o poner la mesa eran muy importantes y hacer guerras o discutir de política eran insignificantes.
Las cosas transparentes eran las más importantes: la amistad, el amor o la música.
Como eran tan pequeños, tocaban pequeños instrumentos. Cada mes tenía una nota y esa nota era el himno del país que cambiaban doce veces al año, según el mes, todo el pueblo se reunía en asamblea y votaba una nota:
“¡Pero hombre ha vuelto a salir “SOL”!¡Es el tercer mes ya que el himno es un “SOL”.
“Y qué quiere son las juventudes oiga a mi déjeme tranquilo.” Decía uno de los abuelos del pueblo.
En un guante podía vivir toda una familia. Se anunciaba en el periódico de la siguiente manera: “Cómodo apartamento, con cinco habitaciones y amplio comedor. Ideal familias numerosas”, la gente joven del país más pequeño del mundo, no tenía problemas de vivienda se apañaban con un calcetín a rombos -zurcido o sin zurcir- o un zapato que podían compartir con otros estudiantes.
También jugaban a fútbol con minúsculos quesos de bola, quien ganaba se los podía podia comer después del partido. En verano jugaban con bolitas de regaliz.
Para los habitantes del País más pequeño del mundo una paella era un grano de arroz, que partían hasta en cuatro mitades. Y una gota de agua les bastaba para un mes y podían bañarse tres niños y el abuelo, siempre sin despilfarrar. El País más pequeño del Mundo era muy ecológico.
La gente trabajaba todo un año para conseguir una lechuga, un melón o una nuez.
Los ancianos se quejaban: “Estas nueces ya no son tan pequeñas como las de antes..." y las campesinas sonreían y seguían trabajando.
Una vez llegó al país un puñado de confeti enviado por un acaudalado ciudadano de otro país. En las fiestas del pueblo, convirtieron el confeti en alfombras y todas las calles se llenaron de colores y de formas redondas.
Apareció en otra ocasión una pistola, ¿qué haremos con esto se preguntaban los sabios del pueblo? Encogidos por edad junto a los niños eran los más bajitos y los más respetados del País más pequeño del mundo.
"Para comer no nos sirve”
“Y para jugar mucho menos...”
“¿Alguien le ve sentido alguno?”
“¿Qué os parece si lo enterramos?”
Dicho y hecho. Como eran tan pequeños los habitantes del país más pequeño del mundo, tardaron 3 meses y diez días en enterrarla.

Ayer me di cuenta de la cantidad de gente que te cruzas por la calle, que no volverás a ver nunca y sentí una suerte de alivio triste.

Binomio Fantástico


jueves, 5 de abril de 2012

Tesoros con arena de playa













 Una de las definiciones que más me gustaron de la carrera de derecho, era la de "El tesoro" en la que no sólo hablaban de objetos con un valor objetivo y tasado, si no de objetos visibles que de repente se les aparecían a los que los tenían como tesoros ocultos. Por ejemplo vírgenes en iglesias a las que no se les daba ningún valor y de repente se descubrían que eran tallas de incalculable precio por pertenecer al siglo XI.

Me fascinaba el concepto de ser visible e invisible, de pertenecer y no tener dueño, en definitiva, de ser excepcional dentro de una aparente normalidad.

Así son los esgrafiados de Barcelona, lejos de lucirse como el Parc Güell o la Sagrada Família, en la aún que no he estado, me gustan por su apariencia natural y poco pretenciosa. A la vez son una técnica artísitica maravillosa de un llamado arte menor, que no es menos arte.

Usaban arena de playa que proyectaban sobre estuco, Francesc Soler i Rovirosa fue responsable de más de uno, en realidad de oficio escenógrafo. No me extraña.

El de la plaza George Orwell fue el primer esgrafiado que descubrí porque vivía en el edificio colindante y un día apareció ante mis ojos ¿Pero estaba antes? Evidentemente sí, pero como si se tratara de una aparición un día lo descubrí y nadie me daba ninguna explicación de dónde salía aquella maravilla.

Lo mejor de ese barrio fue mi descubrimiento de esta compleja técnica decorativa y saber que  entre 1760 y 1810 Barcelona se rendía a estos fascinantes dibujos que decoraban las fachadas de algunos edificios con suerte. El dibujo de la plaza del Tripi, que es como todo el mundo llama a la Plaza George Orwell, no sólo porque seguramente los trapichearan en su día si no porque si vives cerca acabas creyendo que vives en una realidad paralela que es lo que provoca la carencia de horas de sueño debido a la insoportable contaminación acústica de la zona.

¡Ese fue el primero pero habían más! En la calle Call  otro que representa la metamorfosis de Ovidio, en la plaza del Pi uno de color granatoso intenso. ¿Lo habéis visto?  Qui ut Deus nos dice San Miguel, junto con tiernos querubines y nubes.
Flores primaverales en Sant Pere més Alt, en el número 4 y en el Més Baix más ángeles con cortinas en su número 46.
Tal fue mi devoción hacia estos dibujos con arena que un amigo me regaló una guía en la que salían todos, la de Josep Mª Huertas de paseos insólitos que tengo que encontrar entre cajas en casa.

Este es uno de los secretos mejores guardados de Barcelona y a la vista de todos, que como todo lo cotidiano son los mejores tesoros.

Foto perteneciente a : Melirienda

martes, 3 de abril de 2012

Estamos muy contentos de que la Editorial Sandwhich Mixto saque a la venta los últimos ejemplares de Un Mundo Raro. Este librito no se volverá a editar. No tiene sentido.
Lo vendimos en Laie de CCCB aún recuerdo el momento del primer pedido, creíamos que nos tomaban el pelo.

Un Mundo Raro eran unas postales de un programa de radio que hacíamos en Scanner Fm, Nuria Berlanga y Pili Arándanos. Nos lo pasamos pipas, la verdad y el plural de pipas es exprofeso. Creo que no hicimos ningún programa sobrias eso también es verdad.

Gemma Martínez Gené, Lula-Sin Palabras, el genial Poliakkof, Crisálida e invitados como Adam Green, Belle &Sebastian, Jarvis Cocker, Jesús Ordovás, Sant Etienne, Javi y Pedro de La buena Vida, Fernando Alfaro y una ristra que era un lujo para el programa con una sintonía tan triste como alegre y con un logo de Javier Aramburu que era la envidia de cualquier programa del mundo mundial. Precioso.

Leíamos poesía, inventábamos historias y personajes, hacíamos reseñas de los libros que nos gustaban, poníamos la música que nos daba la gana e incluso tuvimos algun fan, en concreto uno de Chile que nos escribía. Este programa de radio que aún está colgado el anuncio en nuestro viejo myspace.
Cuando estás enamorado, ves iniciales y pizarras en cristales empañados.

Pronto sólo escribiré mis tweets en Cursiva, éste ha sido el de hoy.